viernes, 1 de mayo de 2009

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Ni radicales ni pejotistas es básicamente una expresión personal de deseo que surge de analizar un poco las últimas décadas de la historia nacional. Con el fin de la última dictadura en 1983, el pueblo argentino dijo finalmente Nunca más y supo cerrar el nefasto período de los golpes de Estado crónicos, que comenzara en 1930 José Félix Uriburu.

Hoy en día, con los militares fuera de la vida política y ya con un cuarto de siglo de democracia depreciada por el entreguismo, la corrupción y la falta de idoneidad de la mayoría de nuestros dirigentes, es necesario plantearse los motivos por los que estamos como estamos.

Una de las razones principales por las que creo que fracasamos constantemente como pueblo, es la existencia de partidos políticos sin ideología, área en la que el PJ puede dar lecciones, por su cínica y efectiva astucia. La UCR, por su parte, queda rezagada más por falta de oportunidades en el poder que por méritos propios. Más allá de su proclamada defensa de la institucionalidad, no se conoce a ciencia cierta su ideología partidaria, aunque sí se sabe que con De la Rúa y López Murphy fueron capaces de bajar las jubilaciones un 13% y de intentar hacer significativos recortes al presupuesto universitario.

Estoy profundamente convencido de que para avanzar como país existe una condición insoslayable: que gobierne un partido que no sea ni la UCR ni el PJ, ni ningún tipo de alianza o coalición en la que éstos estén incluidos, que no sea un partido de radicales o pejotistas arrepentidos, ni tenga ninguna pata peronista o radical. Sé que dejo afuera a una gran parte de los partidos actuales, incluyendo por ejemplo a dos sectores de centroderecha como la Colisión Cívica y el PRO-PJ, pero realmente creo que el camino hacia el desarrollo no puede hacerse de la mano de personas que arruinaron en país, de derechistas acostumbrados a relativizar las ideologías ni de tránsfugas oportunistas.

Aunque hoy suene utópico, me parece que algún día vamos a despertarnos de este estado de sopor y estupidez colectiva que permite a los mismos de siempre reciclarse una y otra vez, haciéndonos tropezar con la misma piedra en forma sempiterna. Ese día empezaremos a votar partidos nuevos formados en torno a ideologías definidas, gente que ponga el interés nacional por sobre el personal o partidista. Ojalá así sea.

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