Promocionados y ensalzados descaradamente por grupos económico-mediáticos que ven en ellos una garantía de que sus intereses no serán tocados, estos auténticos mentecatos son instalados como personas sensatas con sentido común, que están en la política para ayudar a la gente. Su falta absoluta de preparación y su servilismo genuflexo hacia los detentores del poder económico, financiero y mediático, hace que quieran quedar bien con todo el mundo, lo que imposibilita la resolución de cualquier problema serio.
Estos productos mediáticos vacíos, con menos luces que barco de contrabandistas, cuentan con equipos de asesores de imagen y publicistas que les aconsejan evitar las polémicas y repetir sucesiones de palabras inconexas que suenan lindo. Son mantenedores a ultranza del statu quo. No dicen nada nunca, responden con evasivas grotescas de nula imaginación cualquier pregunta sobre algo concreto. No se les cae una idea ni dándolos vuelta, afirman no ser ni de izquierda ni de derecha, que las ideologías ya no existen...
No es descubrir la pólvora el hecho de saber que para mejorar el país deben tocarse intereses poderosos, que es imposible estar bien con todo el mundo si se quieren llevar a cabo transformaciones importantes. Si no se está dispuesto a tomar medidas que puedan afectar a la policía corrupta, a los narcotraficantes, a las redes de trata de mujeres, a la oligarquía explotadora, a los líderes sindicales entreguistas, a la inaudita intromisión de la Iglesia en asuntos públicos, a los multimedios que concentran la información distorsionando la realidad a su gusto, al sistema financiero usurero o a los laboratorios farmacéuticos y redes de farmacias-supermercado, que banalizan el uso de medicamentos y estimulan una irresponsable automedicación que atenta contra la salud pública; todo lo que se haga será una serie de meros cambios cosméticos de poca relevancia para el desarrollo del país.



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